TOLEDO, 20 de enero. (De Hache Oighinn @hdelh para EUROPA PRESS) -
Una crónica que demora su publicación diez días exige, sin duda, una explicación convincente por parte del autor. No vale alegar sencillamente que el tiempo fue escaso. En mi caso, la única justificación válida es que desde el instante en que finalizó el concierto, he estado soñando con convertirme en el biógrafo de Jero Romero. Y no porque posea un profundo conocimiento sobre su trayectoria, sino porque mi mayor deseo es descubrir los secretos y motivaciones que se esconden detrás de cada una de las letras con las que el tiempo se detuvo en la sala 16 Toneladas de Valencia.
Como alguien que ha aprendido de los reconocidos cronistas, aunque no pretenda considerarme uno de ellos, no puedo evitar la tentación de utilizar la primera persona para tratar de transmitir lo que el maestro de la guitarra evoca en mí. Así que comenzaré desde el principio. Para entender la subjetividad de estas palabras, debo mencionar que tuve la fortuna de comenzar mi particular experiencia un año antes del concierto, dado que Jero fue mi obsequio de cumpleaños, y además, llegué casi como el primero de la segunda tanda de espectadores.
En la sala, todavía iluminada y desierta, pude observar al talentoso toledano elegir la luz que lo iluminaría durante su actuación. Sorprendentemente, optó por una luz cálida; una clara declaración de intenciones que podría interpretarse como un anticipo de lo que estaba por llegar.
Para mí, el concierto inició con el vinilo ya firmado, con el corazón y los sentidos listos para disfrutar de la experiencia. Me convertí en un público fácilmente conquistado, el que el primer acorde hirió como Jero hirió a Valencia durante noventa minutos que, en realidad, parecieron un solo instante.
El despliegue comenzó con 'El Ventanal', una pieza del álbum 'La grieta', justo antes de sumergirnos en su más reciente trabajo, 'Miracoloso'. No era una mala idea hacer esta introducción, preparando el ambiente antes de dejar que fluyera la música nueva. "Mi mejor versión son una fecha que ya caducó", cantaba Jero, "justo en el momento en que era injusto", aunque, sinceramente, en ese momento, no lo fue.
Con las presentaciones efectuadas y miradas cruzadas, Jero se dispuso a abrir su alma, compartiendo que era la segunda vez que se enfrentaba a una sala únicamente armado con su guitarra. Cualquiera pensaría que se había enfrentado a ese reto millones de veces ante el espejo.
Tras el primer lanzamiento, se otorgó el lujo de hablar más de lo habitual, compartiendo cómo una conversación banal de Nochevieja le reveló que muchas de sus canciones queridas contenían palabras esdrújulas. Fue un momento revelador que hizo sonreír a más de uno en la sala.
El ansiado 'mirácolo' resistió en la segunda parte, ya que Jero quería ilustrar de dónde provenía para que todos comprendiéramos aún mejor hacia dónde quería ir. 'Túmbate', de su álbum 'Cabeza de León', fue el segundo tema desarrollado, y claro, "¿cómo evitar gritar?" al escuchar esa letra. "Dedícate a mostrar indiferencia", cantaba, mientras los cerca de 300 presentes respondíamos al unísono: "No puedo más, no puedo más". ¿Cómo es posible que lo mejor nos cause temor?
Con todo esto, la primera selección del repertorio nuevo que estábamos a punto de disfrutar fue 'De mi síndrome de antes' ¿y cómo no? Yo diría que su voz cambió durante la interpretación, como si también él estuviera deseando hablar sobre ese síndrome que a todos nos invita a reflexionar. "Pero no sé bien cuál es", se sinceró. Y, por supuesto, nosotros tampoco lo sabíamos, Jero. Nos quedamos igualmente confundidos.
En ese instante de introspección, dejé de tararear para observar, por fin, cómo el calvo a mi derecha se armó de valor para besar a su acompañante. Sin pruebas de que ese fuera el primer beso de su vida, pero con la certeza de que fue solo uno más de todos los que seguirían, me atrevo a pensar que el ambiente que habíamos cosechado entre todos había terminado conectando sus vidas de una manera especial...
Jero parecía empeñado en llevarnos de viaje sin movernos de lugar y, así, nos trasladó nuevamente a 2011 con 'Correcto', buscando responder "en qué minuto y a qué hora todo se acabó", cuando en realidad, solo empezaba, aunque eso haya sucedido hace ya 14 años. Y en ese rincón del tiempo, permanecimos un rato más para recordar a la 'Desinhibida', musa con la que, sin saberlo, todos los presentes compartimos mucho más que lo que imaginábamos.
Fue en ese momento que la energía del público se desbordó, surgiendo nuestro primer coro para demostrar que, como la protagonista de la canción, ¡desinhibidos íbamos! "La meto en el set para que no se me enfaden", confesó Jero antes de entonar la letra que, increíblemente, resonaba en cada rincón de nuestras almas.
El viaje en el tiempo todavía se resistía a llegar a su destino final, y no lo hizo sin antes tocar 'Ya te lo decía yo', preludio de un aumento de energía. La última parada de 'Cabeza de León' no podía ser otra que 'Nadie te ha tocado', y estoy convencido de que este talentoso artista nos miró a todos a los ojos, conectándonos con cada uno a la vez al cantar el estribillo.
Una vez más cayó en su repertorio '2010', justo antes de regresar con 'Miracoloso'. Por imperiosas razones, me vi obligado a seguir el coro casi en 'fade out' debido a mi costumbre de ir al baño tras la cuarta cerveza, pero incluso desde allí sentí la magia en el aire, quizás gracias a la energía de mi vecino mientras estábamos de espaldas a la pared, creando un lazo que derivó en un canto nostálgico.
Y mientras el calvo continuaba en su particular aventura romántica, sonaba 'Las ballenas', y Jero, en un gesto de complicidad hacia la pareja, expresó: "Hoy es un buen día para hacer el amor con este señor", esta frase marcó antes de iniciar la canción, mientras la química entre ambos crecía exponencialmente. No me sorprende pensar que, con esa complicidad, el resto de la noche podría haber terminado muy bien para ellos.
El tramo final de la actuación avanzaba con 'Has hecho como yo', tema que el año pasado sirvió de antesala a 'Miracoloso', y que presagiaba todas las maravillas que confirmarían el disco completo, un registro casi tan esperado como el mismo concierto.
La noche no parecía tener intención de finalizar, y con la mirada en el tiempo, comenzamos a cantar 'Las leves' en un momento que mezclaba la desesperación por querer que el concierto nunca cesara, y la certeza de que pronto estaríamos pidiendo la cuenta. "Quiero mi tristeza y cuéntale tu vida a los demás", resonó en el aire como un eco conmovedor.
Antes de que Jero interpretara 'Devolverte', ya había restituido muchas emociones en nosotros, recordándonos que "cada vez no puede ser la única vez". Este concierto sembró la semilla de muchas experiencias futuras. Al menos, los que ya hemos obtenido el C1 de Jero Romero sabíamos a esas alturas que necesitábamos regresar a vivir lo que él nos había ofrecido, a pesar de que a veces pareciera un eco de 'Hombre Mayor'. Porque, sin duda, ese fue el momento en que todos volvimos a ser parte de algo más grande, a "querer la guerra y querer paz".
'Plantas de Interior' fue la obra que eligió para abrir el bis. Aquellos que recorrimos Toledo a diario, nos sentimos afortunados al poder cantar esta canción con los ojos cerrados. Yo, que cada mañana desayuno en La Malquerida de la calle Trinidad, puedo asegurarte que siempre tarareo mientras camino por la calle Hombre de Palo antes de tomar la pendiente. A los toledanos: sabéis perfectamente de lo que hablo. A los que no, ¿qué sabréis vosotros?
"Me he propuesto hablar más entre concierto y concierto. Llevo haciéndolo desde el 2000", confesó antes de iniciar su momento final. "Pero si hablo poco me voy jodido y si hablo mucho me voy jodido porque hablo demasiado", reflexionó antes del bis, dedicando ese homenaje a Miren Iza, "una de las mejores compositoras de Europa". Al hacerlo, versionó 'Oda al amor efímero' de Tulsa, un regalo inesperado que me llevó a cuestionarme: ¿por qué esa canción? A lo que solo puedo responderme: "¿Y qué más dará?".
Con 'También', cerró el concierto. Una actuación que me sorprendió, como si el universo me hubiera obsequiado un adelanto de cumpleaños. Quizá por eso me supo a poco y a todo a la vez. Jero, quiropráctico de un día cualquiera y sublimador ocasional de los silencios, espero que el calvo me lea y que me perdone por no conocer su nombre, para poder referirme a él de un modo más correcto.
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