GUADALAJARA, 19 de noviembre. La realidad de los habitantes de Cantalojas, Campisábalos, Galve de Sorbe, entre otros pueblos del Alto Rey, es alarmante: llevan cinco días sin acceso a Internet, datáfonos o servicios de televisión, lo que ha intensificado el sentimiento de que la erradicación de la despoblación necesita más acción y menos retórica.
Durante este periodo, las comunidades de la Sierra Norte de Guadalajara se han encontrado completamente desconectadas del resto del mundo, enfrentando un silencio digital que recuerda problemas no resueltos de larga data.
Según información proporcionada por la compañía de telecomunicaciones, la falla ocurrió debido a fuertes vientos el pasado viernes, lo que ha dejado a muchos municipios como Cantalojas y Galve de Sorbe sin Internet, intensificando una crisis tecnológica que no es nueva para estas zonas.
La frustración entre los lugareños es palpable. “Estamos cansados”, han manifestado repetidamente. En pleno siglo XXI, muchos se han visto imposibilitados de trabajar, realizar pagos o incluso ver televisión, lo que también ha afectado a la operativa del propio Ayuntamiento.
El secretario municipal ha tenido que desplazarse entre localidades "buscando Internet", tratando de atender lo urgente, pero la carga de trabajo no ha disminuido, creando un ambiente de desesperación.
Para quienes residen en esta región de manera permanente, esta situación resalta una contradicción dolorosa: “Quieren que la gente se mude aquí, pero bajo estas condiciones es inviable”, lamentó un vecino a Europa Press, quien muestra su frustración por la falta de progreso en su comunidad.
Este problema no es un hecho aislado ni un fallo de un solo proveedor; incluso aquellos que han establecido conexiones redundantes se han encontrado igualmente afectados. Todo ha quedado a merced de un viento que, por inusual que sea, bastó para interrumpir la vida digital de toda la sierra.
Sergio Arranz, alcalde de Cantalojas, ha externado su impotencia y frustración en declaraciones a Europa Press, indicando que el cansancio acumulado de años de promesas vacías está empezando a ser insostenible.
“Estamos fatigados de soluciones temporales”, expresó, añadiendo que “sería más efectivo que algunos de esos cargos destinados a combatir la despoblación se redirigieran a la construcción de una nueva antena”.
En sus palabras se percibe un profundo sentido de desesperanza, como si estuviera hablando hacia un vacío. Ha reconocido que como gobierno local han agotado casi todas sus opciones, desde recolectar firmas hasta solicitar apoyo a diferentes organismos, sin que nada cambie.
El aislamiento que enfrenta la Sierra Norte va más allá de la falta de conectividad. Turistas en hostales y casas rurales se han encontrado con la imposibilidad de realizar pagos electrónicos o utilizar sus teléfonos con eficacia, lo que ha llevado a los negocios a un parón significativo.
Con visitantes confundidos y vecinos resignados, el alcalde recalca un argumento crucial: “¿Cómo se espera atraer a nuevos residentes si lo más básico, como la conectividad, no está asegurado? ¿Cómo va a sobrevivir un anciano de Villacadima que ya lleva siete años sin cobertura móvil, si en una emergencia nadie podría contactarlo?”
Además de la falta de Internet, estos poblados enfrentan cortes de electricidad intermitentes, lo que complica aún más la situación, generando un ciclo de abandono que parece no tener fin.
“Es normal sentirse frustrado”, admite Arranz. Los residentes no piden grandes desarrollos, sino aspectos esenciales como un suministro eléctrico confiable y conexión a Internet, algo que no sucumba ante condiciones climáticas adversas.
En resumen, durante estos cinco días de desconexión, estas pequeñas comunidades de la Sierra han recordado a todos que la despoblación no se combate con discursos vacíos, sino con inversiones en infraestructuras que faciliten no solo quedarse, sino también construir un futuro digno.
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