TOLEDO, 4 de diciembre. En un reciente evento académico, la Cátedra del Tajo UCLM-Soliss ha presentado un conjunto de propuestas innovadoras para modificar el actual régimen de explotación del trasvase, con la intención de estabilizar las cesiones de agua y mitigar las crisis hídricas que ha venido enfrentando la región.
El enfoque de esta iniciativa radica en la necesidad de revitalizar los embalses principales de la cuenca del Tajo, que actualmente no logran reponerse adecuadamente durante los años de lluvias, debido a que los periodos de abundancia hídrica se destinan a aumentar las transferencias de agua en vez de restaurar las reservas adecuadas.
Antonio de Lucas, ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, y doctor en Hidrología, expuso estas ideas durante una conferencia en el ciclo titulado "Investigando el Tajo", que se llevó a cabo en colaboración con la Real Fundación de Toledo. Según De Lucas, esta dinámica ha llevado a que cada temporada seca inicie con niveles de agua deficientes, provocando una especie de estrés hídrico crónico y una inestabilidad en los trasvases.
A pesar de que las reglas de explotación fueron ajustadas en 2021 basándose en un diagnóstico adecuado, el marco normativo creado no ha proporcionado los mecanismos necesarios para lograr los objetivos trazados. Como resultado, la excepcionalidad hidrológica se ha mantenido, y no se ha mejorado la estabilidad de los embalses, que han visto desaprovechadas sus capacidades reguladoras.
El nuevo Plan Hidrológico del Tajo y su régimen de caudales ecológicos exigen una revisión de las normas actuales; sin embargo, el cambio también es urgente por la propia lógica del sistema hídrico. Resulta inviable asegurar un régimen de trasvases confiable si la cabecera del Tajo no cumple adecuadamente su función de regulación.
La Cátedra del Tajo UCLM-Soliss sostiene que las reglas de explotación deben ser consideradas como herramientas técnicas que necesitan un análisis exhaustivo. Las regulaciones vigentes no están cumpliendo su misión principal: reducir la excepcionalidad hidrológica y ofrecer estabilidad interanual.
En este contexto, los especialistas indican que es posible crear normas efectivas sin necesidad de alterar la legislación existente, lo que permitiría a los embalses recuperar sus niveles en años húmedos. Además, subrayan que el volumen de agua trasvasada debe ser el producto de una gestión responsable, no un número previamente establecido, y que desestimar la hidrología real del sistema acarrea inestabilidad y daños tanto en la cuenca cedente como en la receptora.
Para De Lucas, es crucial abrir el debate sobre la gestión de la cabecera del Tajo, para evitar malentendidos en el diagnóstico actual y promover un funcionamiento más sostenible y equilibrado del sistema de trasvase Tajo-Segura.
La propuesta de la Cátedra también sugiere que los embalses deben mantenerse en niveles óptimos que garanticen su capacidad reguladora, asegurando así diversos usos del agua en épocas de sequía. En términos concretos, plantean que con un volumen acumulado de entre 1.300 y 2.000 hectómetros cúbicos, el trasvase podría fijarse en 60 hectómetros al mes; en niveles entre 1.300 y 750, de 10 hectómetros al mes; entre 400 y 750, de 8,6 hectómetros al mes, y que no deberían realizarse trasvases si el volumen cae por debajo de los 400 hectómetros cúbicos.
Esta valiosa propuesta, desarrollada en colaboración con la Agencia del Agua de Castilla-La Mancha, ha sido enviada a la Dirección General del Agua del Ministerio para la Transición Ecológica y Reto Demográfico, para su consideración en la revisión de las reglas actuales.
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