En la región de Castilla La Mancha, podemos encontrar una gran cantidad de restos arqueológicos que nos hablan de la presencia de poblados íberos y castros en la zona. Estos asentamientos son de gran importancia para comprender la historia prehistórica de la región y la forma en que vivían sus habitantes en esa época.
Los poblados íberos en la región de Castilla La Mancha tienen su origen en la Edad del Hierro, aproximadamente entre los siglos VII y II a.C. Los íberos eran un pueblo de origen indoeuropeo que se asentó en la península ibérica y que desarrolló una cultura propia con características distintivas.
Los poblados íberos solían estar ubicados en lugares estratégicos, como colinas o en las cercanías de ríos, para facilitar la defensa del lugar. Estaban rodeados por murallas y contaban con viviendas de planta rectangular construidas con materiales como adobe o madera.
Además de los poblados íberos, en la región de Castilla La Mancha también podemos encontrar castros, que eran asentamientos fortificados de origen celta. Estos castros solían estar situados en zonas elevadas y contaban con una arquitectura defensiva similar a la de los poblados íberos.
Aunque tanto los castros como los poblados íberos eran asentamientos fortificados, presentaban algunas diferencias en cuanto a su arquitectura y organización interna. Mientras que los poblados íberos tendían a ser más regulares en cuanto a su distribución interna, los castros solían tener una disposición más caótica de sus viviendas.
Los castros y poblados íberos en la región de Castilla La Mancha son de gran importancia para comprender la historia de la región en la época prehistórica. Estos asentamientos nos hablan de la forma en que vivían los antiguos habitantes de la zona, así como de sus costumbres y creencias.
Los íberos y celtas dejaron un importante legado cultural en la región de Castilla La Mancha, que se puede apreciar en la arquitectura de sus asentamientos, así como en los objetos y herramientas que se han encontrado en los yacimientos arqueológicos de la zona.
En resumen, los castros y poblados íberos en la región de Castilla La Mancha son un testimonio de la rica historia prehistórica de la zona. Estos asentamientos nos permiten conocer más sobre la forma de vida de los antiguos habitantes de la región y nos acercan a su cultura y tradiciones. Es importante preservar y estudiar estos restos arqueológicos para poder seguir descubriendo más sobre nuestro pasado.