Este martes 14 de octubre dio inicio el proceso de reubicación de los primeros residentes de la Unidad de Larga Estancia de Salud Mental (ULE), ubicada en el Instituto de Enfermedades Neurológicas de Guadalajara, hacia la Unidad Residencial y Rehabilitadora de Alcohete. Este traslado se ha visto acompañado por una fuerte protesta de los trabajadores de ambos centros, quienes expresan su preocupación por el cierre de la ULE y las deficiencias existentes para acoger a un mayor número de pacientes en Alcohete.
La reubicación comenzó con 10 de los 19 usuarios de la ULE, seleccionando a aquellos que presentan mayor autonomía. Este movimiento ha generado un descontento palpable entre los trabajadores de la unidad, quienes se manifestaron en las puertas del centro para expresar su desacuerdo. Muchos de los usuarios que se están trasladando llevan décadas viviendo en la ULE, lo que añade un peso emocional al proceso.
Las autoridades sanitarias tienen previsto que el cierre definitivo de la ULE ocurra el próximo 21 de octubre, con la transferencia de los 9 residentes restantes. La Delegación de Sanidad argumenta que esta reorganización responde a un plan basado en criterios clínicos y psicosociales, asegurando que Alcohete proporciona el entorno más adecuado para estos pacientes.
Elena Martín, directora gerente del Área Integrada de Guadalajara, defendió esta decisión durante una rueda de prensa donde destacó que los internos recibirán la atención necesaria durante el traslado y que el proceso de adaptación se llevará a cabo con la máxima sensibilidad. No obstante, sugiere que las protestas pueden estar influenciadas por otros intereses, dado que la unidad cuenta con más personal del que realmente requiere para atender a los 19 residentes.
Martín también reiteró que los empleados de la ULE tendrán la opción de elegir su nuevo destino laboral, tanto este año como el siguiente, garantizando que no habrá despidos ni cambios drásticos en sus condiciones laborales. La jefa de la gerencia subrayó que los trabajadores serán reubicados donde sea necesario, pero que contarán con un proceso de elección transparente.
Sin embargo, los manifestantes frente a la ULE consideran que el cierre es injustificado y apresurado. Félix Santos, un auxiliar de enfermería con más de 30 años en el centro, enfatizó las implicaciones emocionales que el traslado tendría en los residentes, muchos de los cuales se sienten en su hogar en la ULE. “Para nosotros, ellos son parte de nuestra familia”, comentó Santos.
Elena Díaz, representante de UGT, hizo un llamado a la Junta para que reconsiderara su decisión de cerrar la ULE y recordó que en la propia Unidad de Alcohete se están llevando a cabo concentraciones semanales para exigir más recursos y personal. Los trabajadores manifiestan que la unidad que recibe a los pacientes no cuenta con los medios necesarios, como equipos de movilidad, y que las nuevas instalaciones son inadecuadas para una convivencia digna.
A pesar de reconocer que la ULE tiene una relación alta de personal por usuario, los empleados argumentan que eso no justifica la clausura. Algunos de ellos expresaron que de haberse considerado una reestructuración adecuada, se podría haber abierto un espacio para la negociación, en lugar de avanzar hacia un cierre que ven como innecesario y dañino.
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