El retablo de la Capilla de los Apóstoles regresa a la Catedral de Cuenca tras tres años de restauración.
CUENCA, 3 de diciembre. La Catedral de Cuenca celebra un hito significativo con la reinstalación del retablo de la Capilla de los Apóstoles, un trabajo que ha sido posible tras un minucioso proceso de restauración respaldado por la Fundación Iberdrola. Esta obra había sido desmontada hace tres años en vistas a su recuperación, y su regreso es un símbolo de la importancia de preservar nuestro patrimonio cultural.
Este retablo se suma a otros dos que han sido restaurados en la última década gracias a las iniciativas de esta fundación. El trabajo ha estado a cargo de 23 estudiantes de escultura de la Escuela Superior de Conservación y Restauración de Derechos Naturales de la Comunidad de Madrid, dirigidos por el experto Luis Priego, quien ha guiado a los jóvenes restauradores a lo largo de todo el proceso.
Según Miguel Ángel Albares, director de la Catedral, el retablo es una de las joyas más espléndidas de la pintura del siglo XVI en Cuenca, destacándose por su rica decoración y los 16 tableros que son genuina obra de Martín Gómez El Viejo, alumno de Yáñez de Almedina, representando un legado artístico invaluable.
Este renacimiento del retablo se remonta a un encargo del chantre don García Osorio de Villarreal. Albares explicó que la obra se realizó en varias fases, comenzando con la mazonería, que debía estar lista antes de junio de 1560, como lo estipuló el contrato firmado por el alemán Giraldo de Flujo.
Las grandes cajas de la calle central del retablo, que aún requerían decoración, fueron confiadas a Flugo. Se estima que las pinturas se completaron entre 1561 y 1563, lo que representa posiblemente la última obra conocida de Martín Gómez El Viejo, resaltando la riqueza histórica que emana de este retablo.
El director de la restauración, Luis Priego, expresó su satisfacción por haber tenido la oportunidad de trabajar en un retablo que celebra el triunfo de Cristo sobre la muerte y que, en sus palabras, logra transmitir un mensaje profundo a través de su arte. Priego destacó que uno de los desafíos más grandes fue la recuperación del bajorrelieve, elaborado completamente desde cero utilizando técnicas originales, ya que el centro había sido recortado en el pasado para dar espacio a un sagrario.
A pesar de los retos, el resto del retablo ha brillado nuevamente, y Priego comentó que ha sido un verdadero placer trabajar con materiales tan exquisitamente seleccionados. La Fundación Iberdrola ya había estado involucrada en la restauración de otros retablos, como los de Santa María y todos los Santos, así como el de San Fabián y San Sebastián, mostrando así su compromiso con la preservación del patrimonio artístico.
Ramón Castresana, director de la Fundación, señaló los riesgos involucrados en el proceso de desmontaje y agradeció al Gobierno de Castilla-La Mancha por respaldar la movilización de la obra entre comunidades. Esta colaboración es un reflejo del trabajo conjunto necesario para proteger nuestra herencia cultural.
Miguel Olite, director general de Enseñanzas Artísticas de la Comunidad de Madrid, también se hizo presente y expresó orgullo por el trabajo de la escuela de restauración, agradeciendo al obispo de Cuenca por la confianza depositada en sus alumnos.
Por último, el obispo de Cuenca, José María Yanguas, mostró su alegría por el resultado del esfuerzo colectivo, recordando que la restauración de obras de arte no solo revive el patrimonio, sino que también nos reconecta con nuestra historia compartida. Estudiantes que participaron en el proyecto asistieron a la inauguración y recibieron los aplausos y reconocimientos de la comunidad, conscientes de que su trabajo ahora forma parte integral de la historia de la Catedral de Cuenca.
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