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Cátedra del Tajo alerta sobre el impacto negativo de las variaciones abruptas en el caudal del río para la salud ecológica.

Cátedra del Tajo alerta sobre el impacto negativo de las variaciones abruptas en el caudal del río para la salud ecológica.

TOLEDO, 11 de noviembre.

La Cátedra del Tajo de la Universidad de Castilla-La Mancha, en colaboración con Soliss, ha expresado su preocupación por las fluctuaciones de caudal que se han registrado en el río Tajo durante el verano de 2025. Estas variaciones, según su análisis, contrarrestan los esfuerzos dirigidos a restaurar el equilibrio ecológico de este importante recurso hídrico.

En un comunicado divulgado por la Cátedra, se alertó sobre la posibilidad de que estos "cambios abruptos" en el caudal, observados en julio y agosto, generen repercusiones adversas sobre las especies acuáticas que habitan el río y alteren el funcionamiento del ecosistema fluvial en su conjunto.

La Cátedra insta a abrir un espacio para la reflexión y subraya que para lograr la recuperación del estado saludable del río, es fundamental que los caudales fluyan de manera similar a los niveles naturales que existían antes de la intervención humana en el entorno.

Se señala que el concepto de “caudales ecológicos” ha sido malinterpretado o no ha sido comprendido adecuadamente. Es esencial que este concepto se integre a la normativa, a fin de regular las actividades económicas que impactan el río. Sin embargo, se advierte que estas regulaciones no son suficientes si no se evita que ocurran cambios bruscos de caudal en periodos cortos de tiempo.

Además, se identificó que en Toledo, el caudal del río Tajo, medido a las 14:00 horas del 16 de agosto, se encontró por debajo de los mínimos ecológicos establecidos en el Plan Hidrológico, lo que representa un indicativo de la falla en el cumplimiento de los parámetros de caudal ecológico en esta sección del trayecto fluvial.

El análisis también indica que las alteraciones de caudal ocurridas el 8 y 23 de julio y el 16 de agosto representan extremos de un comportamiento que, lamentablemente, se ha vuelto habitual en esta área del río. Durante el periodo entre el 29 de julio y el 15 de septiembre, se documentaron al menos 19 días con variaciones abruptas en los niveles de agua.

Según la normativa vigente en España sobre gestión de aguas, los caudales ecológicos deben asegurar la conservación del medio ambiente, asegurando la supervivencia de la fauna piscícola, la vegetación ribereña y la salud de los ecosistemas relacionados tanto acuáticos como terrestres.

Para el tramo del río Tajo en Toledo, el caudal mínimo fijado entre julio y septiembre es de 13,00 m³/s. Sin embargo, el 16 de agosto, a las 14:00 horas, el caudal promedio registrado fue de solo 10,23 m³/s, lo que representa un 78% del mínimo ecológico necesario.

Esto indica que, lamentablemente, se produjeron condiciones de insuficiencia de caudal en ese momento, ya que se encontraron registros por debajo de lo estipulado por la normativa. La causa detrás de estas oscilaciones de flujo se ha vinculado a paradas en la producción de la central hidroeléctrica de Safont, que fueron resultantes de trabajos de mantenimiento y problemas eléctricos en la línea de distribución.

A lo largo de un análisis detallado que abarca desde el 29 de junio hasta el 15 de septiembre, se evidenció que las variaciones diarias de caudales han sido una constante. Los cambios repentinos que se relacionan con la operación de una central hidroeléctrica son conocidos como "hidropuntas".

Existen otros días en los que también se han registrado estas fluctuaciones drásticas, donde se produjeron descensos y ascensos de más de 10 m³/s en cuestión de horas. Esta situación evidencia un patrón de inestabilidad en el caudal que requiere atención.

La conclusión es clara: las variaciones en el caudal no son eventos aislados, sino que constituyen cambios habituados que podrían tener efectos preocupantes sobre la fauna acuática, los cuales deben ser considerados con seriedad.

Las reducciones temporales en el caudal pueden secar áreas ribereñas, comprometiendo el refugio de diversas especies vulnerables que no pueden desplazarse rápidamente, como ciertos tipos de macroinvertebrados. Esto también puede conllevar a la muerte de microorganismos que habitan en las rocas y otros elementos del subsuelo, lo que amenaza la biodiversidad local.